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Sanlúcar de Barrameda

Muere Justo Jiménez Domínguez un ejemplo de amor y unidad para Sanlúcar

NECROLOGICAS

 Se durmió en el Señor el pasado sábado, día 22 de febrero, a los 73 años, sirviendo a la Iglesia de Sanlúcar durante más de 40 años, como voluntario de Cáritas y responsable de la evangelización en la Parroquia Los Ángeles del Palmar de Sanlúcar de Barrameda.
 Su entierro ha sido un signo de Fe, Amor y unidad para el pueblo de Sanlúcar. La Iglesia a la que dedicó toda su vida, estaba llena de fieles y más de 200 personas no pudieron entrar en el templo, por no haber mas aforo.
 Sanlúcar, su familia y su Comunidad Neocatecumenal, han llorado tan irreparable pérdida, con gran dolor y consternación popular, de un hombre de fe, cuya vida dedicó a socorrer desde Cáritas, a familias pobres de la feligresía.

Sanlúcar de Barrameda (Cádiz)

Sin duda la muerte de Justo Jiménez Domínguez, ha causado en la Ciudad de Sanlúcar de Barrameda, gran dolor popular, por un hombre bueno que llevó como bandera, la fe en Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. Dedicando toda su existencia al servicio de la Iglesia, desde su querida Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles y San Sebastián, a la que sirvió como voluntario más de 45 años. Responsable de Caritas Parroquial, de la Primera Comunidad Neocatecumenal, que lleva en la parroquia 35 años de fraternidad y como responsable de la evangelización de niños y de adultos. Además, como Justo era un “manitas” tenía a su cargo la jardinería de la parroquia, así como otros servicios.


El viernes, día antes de su fallecimiento, atendía a familias necesitadas en la oficina de Cáritas. Orgullosos estarán la Comunidad de Frailes Capuchinos de Sanlúcar, especialmente el párroco de Los Ángeles, Fray Juan Aguilera de la Torre, (Capuchino) por los muchos años que Justo estuvo al servicio parroquial y por ser receptores directos, al igual que su familia y Comunidad Neocatecumenal, del espíritu de servicio, entrega y amor que Justo transmitía a todo su entorno espiritual.


Su hijo Justo Manuel (Director de la Banda de Música de Sanlúcar) nos daba su experiencia, — nos decía, ” desde muy pequeño, mis padres nos transmitieron la fe, en unas celebraciones liturgias vividas en el hogar familiar, como es la Iglesia doméstica. Porque mi Padre, además de ser buena persona y padre de familia, nos transmitió su fe en Jesucristo y así la vivimos hoy, mi madre, mis hermanos y Yo, dentro de la Iglesia”—señaló- Justo estaba casado con Emilia Fábrega, de cuyo matrimonio tuvieron tres hijos: Emilia María, Justo Manuel y José Antonio.
Justo cumplió la Palabra del Evangelio, de “Amar a Dios y al prójimo”, desde su trabajo como funcionario Municipal y como responsable de las pastorales de la Parroquia, especialmente de Caritas.

Ya lo dijeron públicamente su esposa Emilia y Justo su hijo, al dar las gracias a todos los presentes en la Eucaristía de su entierro. En la Iglesia no se cabía y mas de 200 personas se quedaron en la calle, sin poder entrar en el templo parroquial.

Dieron las gracias a Dios por los años que habían disfrutado de la presencia de Justo, por los años que estuvo al servicio de la comunidad parroquial de Los Ángeles, viviendo el día a día, los muchos problemas de familias necesitadas que llegaban hasta él. Justo estaba preparado tanto para la vida como para la muerte.

Estuvieron presentes en su despedida, los hermanos de las comunidades de la Parroquia Nuestra Señora de la O de Chipiona, a los que les unía vínculos de amor y fraternidad. El pueblo lloró la pérdida de un cristiano, que estaba muy orgulloso de serlo y su testimonio con su comunidad era muy notorio. Uno de los momentos mas emotivos ha sido, cuando su comunidad se puso alrededor de su féretro, donde se había depositado el Estandarte de la Hermandad de Nuestra Señora de los Ángeles y La Palma que Justo llevó en la procesión del Domingo de Ramos del año pasado, como confesor de la Fe y que portó su esposa Emilia hasta el cementerio.

Su funeral de entierro, se convirtió en una Eucaristía de Gloria y de Resurrección, el sacerdote oficiante el capuchino, Fray Juan, se vistió de color blanco de la Resurrección de Jesucristo y toda la liturgia fue un cantico glorioso a la Resurrección que cantó el pueblo cristiano reunido, para despedir a Justo. Todo un gran acontecimiento, donde la Fe y el espíritu de Justo, se respiraba y se vivía en la asamblea reunida.
Vaya nuestro humilde homenaje a un amigo y hermano en la fe, porque tuve la suerte de ser receptor también, del espíritu de amor y unidad que se vivió en la Parroquia pobre de los Ángeles y un testimonio de Fe, para la Sociedad de Sanlúcar.
Hermano Justo: ¡Siempre viva en Cristo!
ANTONIO JIMENEZ GOMEZ

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